**ESTAFADORES, CRUELES, AUTORITARIOS: Terror para tapar la entrega**
En un alarmante giro de los acontecimientos, el gobierno de Javier Milei se ha lanzado a una feroz cacería de disidencia, revelando su verdadera naturaleza autoritaria. En un contexto donde el único crimen perseguido es la oposición, la libertad de expresión se encuentra en jaque. La reciente denuncia contra el periodista Nicolás Lantos, por calificar al presidente de “nazi”, es solo la punta del iceberg de un régimen que busca silenciar a quienes se atreven a cuestionar su corrupción y su devastadora gestión.
Lantos, en un apasionado discurso, advirtió sobre el peligro que representa no reconocer la gravedad de la situación actual. “No solo están matando jubilados al negarles medicamentos, sino que están condenando a la muerte a niños que no pueden ser atendidos en hospitales”, clamó, subrayando la crisis humanitaria que se vive en el país. La falta de atención médica y el aumento del costo de vida han dejado a millones al borde del abismo.
Mientras el dólar se dispara y las industrias cierran, el gobierno se aferra a tácticas represivas para mantener el control. La violencia ejercida contra periodistas y opositores no es un mero accidente; es una estrategia deliberada para desviar la atención de su incapacidad. “Están matando a nuestros jóvenes y ancianos mientras intentan silenciarnos”, enfatizó Lantos, una voz que resuena en el eco de la resistencia.
El clima de miedo se intensifica, y con él, la urgencia de actuar. La denuncia contra Lantos no es solo un ataque personal; es un golpe a la democracia misma. En este contexto, la sociedad debe unirse y alzar la voz. El futuro de la libertad en Argentina pende de un hilo, y negar lo que está ocurriendo es un acto de complicidad. La hora de actuar es ahora.